Outsourcing y Offshoring

La era de la globalización ha cambiado radicalmente el mercado y la forma en la que tradicionalmente se ha trabajado. Los términos anglosajones de outsourcing y offshoring han pasado prácticamente a formar parte de nuestro vocabulario pero, aunque frecuentemente hayamos oído hablar de ellos ¿Sabemos realmente a qué se refieren estos conceptos?

Cuando hablamos de outsourcing nos referimos a la externalización de servicios, es decir, al proceso a través del cual las empresas subcontratan a otras empresas o a trabajadores freelance para que lleven a cabo algunos servicios para las mismas.

Por ejemplo, hay empresas que delegan la contabilidad de la misma a otras empresas o buscan a un traductor externo solamente para ciertos proyectos puntuales.

Además, gracias a las nuevas tecnologías, todo ello puede realizarse a través de internet permitiendo que la colaboración se establezca con trabajadores a los que ni siquiera se conoce en persona y que quizás vivan a miles de kilómetros de distancia. A esto último se le llama offshoring, es decir, a la externalización de servicios que se realiza con trabajadores localizados en otros países.

Aunque las distancias se mantienen, internet ha conseguido interconectar a personas de casi todos los rincones del mundo que, gracias a ello, pueden colaborar entre ellas sin importar la procedencia del trabajador, ni el lugar en el que la empresa contratante tenga su sede. La era del trabajo transnacional no forma parte del futuro, sino del presente más inmediato.

La gran ventaja de la externalización de servicios es esencialmente económica ya que, principalmente, se realiza con freelancers procedentes de países dónde la mano de obra es más barata y, con ello, se consigue ahorrar costes.

No obstante, además del factor económico, hay otras ventajas que hacen del outsourcing y el offshoring formas de trabajar muy convenientes para las empresas.

Por ejemplo, al delegar parte del trabajo a otros, la empresa puede concentrarse únicamente en su negocio principal, es decir, en hacer solamente las tareas que mejor sabe hacer, dejando que otros profesionales se encarguen del resto (por ejemplo, del diseño de la página web de la empresa, de la puesta en marcha de una determinada campaña de marketing, etc.)

Pero, además de para las empresas, la externalización de servicios también presenta ventajas para los trabajadores freelance ya que les permite tener acceso a clientes de todo el mundo y les ofrece la posibilidad de tener horarios flexibles y de trabajar desde cualquier rincón del mundo, entre otras cosas.

Aunque esta forma de trabajar es cada vez más popular, normalmente el outsourcing es una práctica que solamente las grandes empresas suelen llevar a cabo.

Posiblemente ello se deba a que las pequeñas y medianas empresas son todavía reticentes a probar la subcontratación de servicios a causa de falta de presupuesto o miedo a lo desconocido. Sin embargo, en los últimos años se ha producido el nacimiento de numerosas plataformas digitales de externalización de servicios que ayudan a las pymes y clientes particulares actuando como intermediarias entre contratantes y empleados y haciendo que la colaboración sin fronteras a través de internet sea positiva y segura para ambas partes.

Además, algunas de ellas ofrecen servicios de escrow que posibilitan que los pagos estén garantizados una vez que el trabajo haya sido realizado con éxito y eliminan así uno de los mayores miedos del freelancer: el temor a tropezar con clientes morosos que no paguen por sus servicios.

En definitiva, gracias al avance de las telecomunicaciones y a estas nuevas prácticas de externalización, el mundo laboral se ha hecho mucho más grande, flexible y accesible. Si tienes una empresa, ya no es necesario que lo hagas todo, sino que te centres en lo que mejor sepas hacer y dejes el resto en manos de otros profesionales.